Presentación

Viajar, del latín via, «acción de trasladarse de un lugar a otro generalmente distante». Aprender, del latín apprehendere, «acción de adquirir el conocimiento de algo por medio del estudio o de la experiencia». Son dos verbos especialmente unidos, profundamente interrelacionados: viajar para aprender, y aprender a viajar. En muchas ocasiones, el viajero emprende su camino movido por un ansia de exploración, de descubrimiento, de aprendizaje. Incluso son muchos los que atestiguan que todo viaje constituye por sí mismo un intenso y provechoso ejercicio de aprendizaje.

El viajero que se pierde, el que saborea un manjar desconocido, el que disfruta en silencio de un amanecer, el que escucha la voz de los lugareños, el que contempla ensimismado unas legendarias e imponentes ruinas mayas, el que nunca halló su destino, el que descubre un enigma, el que sabe que volverá, el que reconoce un lugar, o incluso el que desfallece tras una larga caminata…: todos, bien de forma consciente, bien de forma inesperada, aprenden de su viaje, esto es, adquieren conocimiento a partir de lo visto y lo vivido.

No se trata tan sólo de memorizar nombres y datos, no consiste en aprender historias, gentilicios o monumentos; aprender a viajar es algo más complejo, más profundo, más efímero. Incluso, en ocasiones, se trata simplemente de aplicar una difícil, pero necesaria, acción: «desaprender», abandonar los prejuicios, los tópicos y los esquemas preconcebidos que viajan con nosotros en nuestra maleta. Sólo así, el visitante podrá conocer en esencia el lugar visitado, aprender de él y abandonar la condición de simple «turista» para convertirse en un verdadero y auténtico «viajero».

Y así, poco a poco, jornada a jornada, viaje a viaje, entenderá que, como señala el viajero y escritor Raúl Rossetti: «Son demasiados los lugares donde podría quedarme y vivir para siempre. Por eso, deben existir los viajes. Estar y dejar de estar en todos los lados». Experimentará las palabras del literato Noel Clarasó cuando dice: «Lo mejor de los viajes es lo de antes y lo de después». Entenderá la frase del escritor José Vasconcelos: «Un libro, como un viaje, se comienza con inquietud y se termina con melancolía». Asumirá el irrefutable dictamen del literato Mark Twain: «El que está acostumbrado a viajar sabe que siempre es necesario partir algún día». Y vivirá aferrado a la breve, pero gratificante sentencia del pensador José Saramago: «La felicidad tiene muchos rostros… viajar es uno de ellos».

¡Bienvenidos a esta particular aventura de periodismo, exploración y aprendizaje!

José Manuel Pérez Tornero y  Santiago Tejedor Calvo

Directores1-01.fw.png

Anuncios